lunes, 12 de febrero de 2018

Recomienda el padre de Lejos de dogmas que aquellos que visiten la exposición, que se inaugura hoy a las ocho de la tarde en el Museo de la Universidad de Murcia y estará hasta el 16 de diciembre, deben exigirse unos minutos de contemplación ante cada una de las aproximadamente 30 obras que van a llenar la sala. Joaquín Barón –así se llama este pintor de mundos extraordinarios– lo hace consciente de que sus cuadros esconden «una historia abierta» con la que el propio espectador deberá pugnar para encontrar el mensaje que el artista ha deslizado en todas las pinceladas. «Cada espectador debe llevarse un mensaje. No me gustaría cerrar puertas. Mi obra tienes que verla más de un minuto. Hay pequeñas historias, pequeños personajes» que están ahí para decir cosas, asegura el pintor.


Es el universo pictórico que Barón presenta en Lejos de dogmas, una apuesta que trata de 'romper' con lo que viene impuesto, limita, cercena?, y que invita a evocar un mundo en el que las fronteras –humanas, físicas, ideológicas, raciales– no son más que un delirio. Por eso cada uno de sus cuadros es un magma de identidades no identificadas, de hombres y mujeres de distintos territorios que conviven hasta casi rebasar los límites del lienzo.
Son personajes que miran de frente a los que los contemplan, que los interrogan: ¿no es estúpido que esta forma de cohabitar solo sea posible en la imaginación de un pintor? Joaquín Barón trata, con su propuesta, de plantear la dicotomía entre «humanidad y deshumanización», y para ello se sirve «de personajes fáciles, sencillos, que dan un mensaje complejo».
Son sus trabajos composiciones en las que habitan, además, los «iconos cotidianos del autor (el mar, los ojos, los animales, los cerebros, las cabezas, las flechas, las extremidades deformadas) que desprenden vitalidad, entre la melancolía y el optimismo», como explica en el catálogo de la muestra Ángel Antonio Rodríguez.
El blanco y negro en una primera fase y el uso imprescindible de los colores primarios en una segunda gritan, desde los cuadros en Lejos de dogmas, la evidencia clara de que el artista se deja vencer por el horror vacui en cuanto a los límites de la paleta y los espacios. Sus obras son un complejo cosmos de microhistorias que «como un documental, quieren contar». Lo define así un texto del catálogo de su exposición anterior, que firma Kosme de Barañano: «Los cuadros de Barón son como una película que no tiene sonido, cine mudo que confía en títulos escritos intercalados. La exposición es un documental que da testimonio de simples y misteriosas imágenes, un documental que captura los fenómenos insinuantes de las formas habituales de descripción por perfiles». También ocurre en Lejos de dogmas, donde además de cuadros habrá «tres o cuatro pruebas de artista sobre esculturas» que muestran el desarrollo del trabajo del autor en otra de las disciplinas que cultiva.
Para el artista, «la pintura es útil para todo, es una forma de abrir la mente a cosas no establecidas». Y eso pretende con los colores y los habitantes que existen en sus lienzos: plantear el reto de lanzarse a lo desconocido, encender la llama que convierte las quimeras en una realidad tangible.

Daniel J. Rodríguez//@DanielJRguez
Artículo publicado en La Opinión de Murcia

0 Apuntes del lector: