miércoles, 28 de febrero de 2018

No se alarmen los lectores habituales con el tono amoroso de este DE LA NADA A TU CARNE con el que nos sorprende Pedro Alberto Cruz. Él, poeta y hombre, su esencia, sigue estando en este poemario como lo está de un modo inevitable en el resto de su obra literaria. La poética que Pedro Alberto Cruz lleva construyendo y poniendo al alcance de la mano de los lectores desde su primer libro, que vio la luz en 2011, sigue siendo evidente aunque, eso sí, está dulcificada gracias o por culpa de Victoria, a quien dedica este libro.



Cito a la mujer a la que Pedro regala estos poemas porque, como ya se ha comentado, el origen del libro está, seguro, en su existencia en la vida del poeta. ¡Y qué afortunados somos –y ustedes me comprenderán cuando, ya en casa, dediquen atención a cada verso- de esta aparición! La presencia de Victoria ha conseguido vencer el nihilismo existencial que ha sido una constante en la obra que nos ha venido regalando el escritor.

En DE LA NADA A TU CARNE ya no hay desolación, no hay negaciones de sentido, no hay desidia vital permanente, no hay temor a casi todo. O, para ser más exacto, esa desolación, negación, desidia y temor se tornan sentimientos leves, casi transparentes, cuando apenas la sombra femenina aparece, siluetada, al fondo de la habitación. Una sombra que llega para vencerlo todo y que, sin apenas hacer ruido, se convierte en orilla necesaria, en lugar sagrado, en propósito y fin, en motivo para el autoconvencimiento de que, al cabo, tal vez la vida no sea siempre un motivo para pensar en la muerte.

Son, la mujer y el sentimiento que genera, un asidero, un punto de estabilidad sobre el que Pedro Alberto Cruz continúa devanándose los sesos. El mundo hostil, su propio cuerpo enemigo, todavía siguen ahí, pero ella lo hace todo un poco más soportable.

--------------------------

Lo bueno que tiene este libro, y que me apetece comentar hoy con ustedes, es que parece situarse en una suerte de transición entre lo que Pedro Alberto Cruz ha hecho hasta ahora en NO COMPRENDO LAS RAZONES DE LA LUZ, CUERPO DE UN SOLO DÍA y TÚ Y EL AFUERA y lo que vendrá en adelante. Sería, este DE LA NADA A TU CARNE, un destilado esencial de las preocupaciones del Pedro Alberto Cruz-hombre pasado por el filtro, en esta ocasión, del hecho amoroso, conyugal, si me lo permite.

Así pues, en este libro se contienen las contradicciones y los desasosiegos de la mano que escribe los versos. La muerte, el sentido de no pertenencia al mundo, el despropósito de la propia vida, la terrible certeza del límite del cuerpo, se siguen detonando con fuerza a través de una técnica lírica particular que delimita la voz propia del poeta, de Pedro Alberto. Pareciera que no puede despegarse de esos ejes temáticos y eso, aunque uno acabe la lectura de sus poemas ensombrecido, es de agradecer: demuestra que él ofrece su verdad en cada momento; se trata de un ejercicio de sinceridad sin límites, de un ‘Aquí estoy, lector, tómame como soy o no lo hagas’ que evidencia el compromiso vital de Pedro Alberto Cruz con el Arte; él es objeto y sujeto de la creación: escribe y es escrito por sí mismo, generando un ciclo continuo en el que ambos polos se retroalimentan y al que, generoso, deja que sus lectores nos asomemos.

-----------------

Los versos brillantes se acumulan a lo largo de todo el poemario. Y ahí está, bajo mi punto de vista, su punto fuerte, en esa capacidad para crear versos que uno quisiera tatuarse en los brazos, eslóganes extraídos de la Verdad escrita con mayúsculas y vertida, tras una maduración exacta, en el momento apropiado del poema.

Hay unos cuántos ejemplos en este libro:

“Vibra tu piel. Y ya ningún objeto vuelve a ser lo que no era”

“La diferencia entre tú y los otros es que habitas la casa que nadie quiere, los días sin prestigio”

“Fuera de mi ojos cerrados eres lo único que sobrevive a la decepción”

El libro, como ven, está redondeado por esa facilidad para crear enunciados rotundos, versos-disparo, una habilidad que el poeta ya ha demostrado en sus trabajos anteriores y que hacen, si podemos llamarlo así, una corporativa ‘marca de la casa’. Debería patentarlo.


Por todo ello, tal vez se trate de un Pedro Alberto Cruz distinto, de otro. O quizá solo sea una versión mejorada de sí mismo, aunque el mérito no sea suyo en este caso, sino del objeto de su amor, de esa Victoria-mujer que ha derrocado el poder autoritario de las sombras.


Daniel J. Rodríguez // @DanielJRguez

0 Apuntes del lector: