viernes, 22 de julio de 2016

Llegó Enrique Bunbury a Murcia con su fuerza de volcán contenido para presentar la gira Mutaciones, con la que el zaragozano viaja por todas las transformaciones que su música ha tenido durante sus más de treinta años de carrera. Héroes del Silencio, ecos orientales e hispanoamericanos y su dominio estético del escenario pasaron ayer por el Cuartel de Artillería en un espectáculo en el que el rockero desplegó su insólita personalidad. Una fiesta de sonido, letras y sensaciones.

"Amanecí con los puños bien cerrados", fueron las primeras palabras de un Bunbury enfundado en negro. Y levantaron el ánimo del público, que se sorprendió porque la primera elección del artista fuera Iberia Sumergida, uno de los temas más populares de Heroes del Silencio. Desde ahí, al infinito de coros que nació en la plaza. Y es que, empujado por el viaje al pasado necesario para grabar el Mtv Unplugged, canciones míticas del artista -tanto de su etapa de Héroes, el grupo que lo vio nacer, como de su época en solitario- han vuelto al track list de sus conciertos aunque, eso sí, pasadas por una pátina de sosiego. Y pese a que las nuevas versiones no contentan a algunos de los fans de su primera etapa, la mayoría tardará días en recuperar la voz. El club de los imposibles y Destrucción masiva -esta de Palosanto, su último trabajo de estudio- dejaron claro desde el principio que el concierto iba a viajar por las distintas etapas de la discografía de Enrique, que a sus 48 años sigue siendo una bomba de energía, un espectáculo sobre las tablas, un imán para todas las miradas, una luminaria.


Justo antes de El camino del exceso se quitó la chaqueta para descubrir sus brazos llenos de tatuajes. No lo hacía por el calor que anoche hizo en Murcia, tampoco por el que despedían las almas reunidas en torno, sino por su volcán interior, el que lo llevó a Avalancha. De nuevo manos arriba, otra vez los saltos de locura.

Enrique Bunbury sigue cantando derrotado sobre sus rodillas. Es como el guerrero que tras mil batallas debe afrontar una más: vida o muerte, todo parece estar en juego. Y desde allí, desde esa posición estética, rockera, canta con todas sus cicatrices: hispanoamérica, la India, España... Es un mapa para un extranjero sin más patria que la música. Música que se encarga de sacar Los Santos Inocentes, su banda actual, que sabe situarse en un segundo plano (nunca de sonido, en el que siempre están precisos) y dejar el protagonismo a la estrella. Bunbury se sabe rey del escenario, es estéticamente perfecto.

El concierto estuvo lleno de guiños a sus distintas etapas, desde los Héroes a Palosanto pasando por Radical Sonora, su primer disco en solitario, del que regaló un Alicia expulsada al país de las maravillas vestida, como todos su viejos temas, con otro temple: energía pura, pero bien conducida. Un regalo para los sentidos.



Daniel J. Rodríguez//@DanielJRguez
Fotografías cedidas por Enrique Soler y P. Giménez

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