martes, 26 de julio de 2016

Mentirías si dijera que todavía te recuerdo a diario. El tiempo cura las heridas y borra el dolor. Tal vez estemos condenados al olvido. Tal vez. Pero me niego a que ocurra. Porque, de algún modo, sigues ahí aunque ya no vea a ratos tu chaqueta roja en los cuerpos de otros y te confunda y espere un saludo con esa sonrisa jovial y despreocupada, con esa gracia confiada.

Admito que la ausencia ya no sangra, pero sabes que estás -y ese es mi rincón personal- en los álamos. Y siempre los veo llorar ¡qué más da que sea verano!



Gracias por esto:

            Yo estoy dentro
hoy que  anocheces a pleno sol
mientras canta el día primavera,

               *********

Henos siempre aquí

               *********

          Hoy me extinguiré
a eso del último verso,
cuando ya se haya dicho la miel,
el abrazo, lo amado, el otoño.

              *********

          Hoy no me digas de ningún dios,
de nadie que me aclame más allá
de este momento en que te gozo,
que te ajardino.

             **********

           Cuando te me mueras
volveré a tus versos
y entre mis lágrimas más queridas
navegaré con Manrique sobre El Moldava
mientras me hiero con un blues
de voces etílicas y almas rotas.

             *********

           ...y se extinguirá el día,
y entre los brazos
solo quedará un son de ausencias,
un son de ausencias,
un son, ausencias,
           ausencias,
                    un son de puertas cerradas,

             ***********

Porque te debo versos

             **********

Yo vago en la madrugada solo,
vestido de sosiego y abandono,
cruzo aceras aún con huellas de ayer inhábil

             ***********

No sé dónde estás

             ***********

Hay días como hoy
que me ataca la tristeza,
que me asalta la nostalgia
que me hiere el silencio,

            *********

¿Por qué me niegas la palabra?
¿Cómo levanto el poema
si me falta la palabra?

            *********

Hoy he visto llorar a los álamos,
enternecerse, abocar sus hojas
para acariciar el hombro

            *********

Es posible que llueva,
que los versos que te debo
se me aneguen de olvido.

Conrado Navalón
_________________________________________________________________________________

VI

Hoy he visto llorar a los álamos,
enternecerse, abocar sus hojas

         M. Dato


Un desierto.
La arena apolillada por el llanto.
Tu palabra, lejos y cerca,
colmada de dictámenes vitales, cada día.

Otorgaste voz a los álamos
-testigos velados de traiciones beatas-
y los dejaste allí,
desplomados en su rotundidad,
infectados de la impresión de aquel viaje.

Todavía los oigo. Pero es desierto,
y rhythm and blues, y  tardes de pruebas de sonido,
vergüenzas en verso, un “no recito”.

¿Entonces? Yo soy el álamo.

El árbol que te llora.







P. D. Estarías orgulloso. Lo sé.

Daniel J. Rodríguez //@DanielJRguez

0 Apuntes del lector: