viernes, 13 de mayo de 2016

No, José Daniel Espejo no es un poeta pop. Hay algo en su poesía que trasciende el lenguaje actual que utiliza, sus sutiles ironías y la voz a veces desgarbada con la que recita, como si no mereciese la pena o, casi al contrario: como si la poesía fuese lo único importante y el contexto quedase fuera de juego.

Joseda ayer realizó un viaje. Lo hizo en Cieza, en la cafetería Arte - Sano, de la mano del cineasta Joaquín Regadera, que acompañó los versos del poeta con un montaje audiovisual en el que el paisaje natural danzaba con la propia Historia. Así, el escritor, que ha sido invitado por el Premio Mandarache como autor invitado este año, revisitó algunas de sus obras, entre las que se cuentan Mal (Balduque, 2015), Psycho Killer Qu'est-ce Que C'est (ad minimum, 2014), habla con medusas (Ediciones La Galla Ciencia, 2015) o antologías como Desde el mar a la estepa (Chamán Ediciones, 2016). 

Y no es la poesía de Espejo más que una revisión continua del mundo. Como expresó Manuel Pérez, "lo que consigue José Daniel Espejo es conversar sobre la injusta existencia a partir de una tranquila mirada hacia el vacío, hacia lo absurdo que implica la propia supervivencia, una particular conquista del día a día que nos conduce sin embargo a la misma oscuridad de la que surgimos un día. No hay acción social,no hay poesía de la experiencia, no hay un lirismo postromántico; en estos versos, no hay género, ninguna clase de singladura o militancia". 

Así, con sus versos, acompañados del trabajo de Regadera, que por momentos rozó la performance y que demostró la maestría del joven e interesante cineasta, Espejo logró acallar los ruidos de la cafetería, y de la ciudad, para que solo se escuchasen versos. Quizá todavía quede esperanza para la Poesía, la que se escribe con mayúsculas, en Cieza.

Daniel J. Rodríguez//@DanielJRguez

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