jueves, 10 de septiembre de 2015

Martín Sotelo esgrime una prosa precisa, ajustada, a la que añade ornamentos solo en el momento justo. Martín Sotelo narra con la agilidad y la complejidad de un río abriéndose paso. Es magistral.

El escritor toledano ha hecho de La vida muerta un relato necesario para comprender que, aunque ya se esté muerto, es posible encontrar una última esperanza. Las vidas que se entrecruzan en la novela editada por Alfabia son las de personajes que han descubierto, casi entre las sombras, un atisbo de luz, un brazo al que asirse para continuar el camino a la inexistencia.

La vida muerta transcurre en un lugar incierto, en un tiempo indeterminado, pero podría estar pasando aquí: cualquiera es susceptible de perder la cabeza. También lo es el doctor, uno de los personajes en torno a los que se construye la historia. Un ser que focaliza su esperanza en destrozar la de otros. Y así ocurre, de peregrinas maneras, con el pequeño coro de protagonistas que articula el libro. Todos lo han perdido todo, e incluso algunos no han llegado a encontrar nada todavía. Y eso, ese hueco en el estómago es el que los invita a morir/vivir, a ser almas en pena en constante peregrinar ¿hacia dónde?

La dimensión ‘ultra-real’ que Martín Sotelo genera con su prosa engancha desde las primeras páginas. Es difícil no caer en el embrujo tras la primera escena. Todo acompaña: el ambiente es una experiencia poética, el escritor ayuda a verlo todo. Y esa es quizá la mejor experiencia de este libro. No se lee, se va viendo escena por escena, capítulo a capítulo. No hace falta la precisa y minuciosa descripción de otros. Es capaz de generar espacios que el lector comprende con leves trazos impresionistas.

Y así, entre una sordidez asumible y un misterio inviolable, avanzan las palabras. Reposadas asumen que será el lector el que navegue entre ellas. Enamorado.


Daniel J. Rodríguez//@DanielJRguez


FICHA TÉCNICA

  
TituloLa vida muerta
AutorMartín Sotelo
EditorialAlfabia
TemáticaNarrativa
Páginas238
Precio18 €

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