lunes, 21 de septiembre de 2015

Bendita sea tu voz de octogenario, tu rodilla hincada en lo oscuro. Bendito tu sombrero, su ala, tu nariz de judío, tu susurro pausado. Bendito sea Federico y bendita la guitarra del español que te enseñó a tocar los primeros cuatro acordes. Bendito tu amor por los poetas. Bendita la habitación del Chelsea donde te la mamaron hasta hacer que te corrieras. Bendita la voz que salía de la misma boca que lamió tu falo enhiesto. Bendito tu nombre, Leonard, y bendita la familia de sastres que te dio el apellido. Bendita Suzanne, y Grecia, y Hydra, la isla que te hizo, que te deshizo.

Benditas sean tus últimas canciones. Bendito tú, por las veces que me has salvado, por ser compañía en la carretera. Bendita tu mano arrugada y manchada, sosteniendo tu bendito sombrero sobre el pecho. Benditos tus libros de poemas, los versos brillantes e hímnicos, su sabor a Biblia. Bendita oscuridad en Songs of love and hate. Benditas las mujeres que te hicieron daño y bendito el daño que tú le hiciste a ellas. Bendita mirada. Traspasa.

אָמֵן





 
 
Daniel J. Rodríguez//@DanielJRguez



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