sábado, 13 de abril de 2013


Semanas atrás, el Presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid, Ignacio González, planteó la posibilidad de unos límites en el ejercicio periodístico para aquellas informaciones que pudieran dañar al protagonista de estas.
Frente a este problema me planteo una serie de preguntas sobre la función social del ejercicio periodístico.

No pretendo crear un decálogo de obligado cumplimiento, ni si quiera encontrar LA VERDAD en mayúsculas. Se trata de una reflexión personal, sin pretensiones.


¿Por qué publicar una información comprometida?

El objetivo del ejercicio informativo no es, no se confundan, la denuncia social ni el activismo. El periodista no es (no debería ser) un rebelde sin causa, un ente político que busca el “y tú más”. Pero tampoco es un personaje servil al poder, a las causas establecidas: El periodismo no es un nuevo modo de servilismo.

El profesional informativo es un garante del anuncio de la realidad, sea esta cual fuere y sus consecuencias buenas, malas o neutrales. No busca el periodista el daño en el otro, pero tampoco puede evitarlo si quiere ejercer su profesión de manera consecuente. El periodismo es un poder que trata de bascular a favor de la verdad. Repito: No es interés del periodista que denuncien o encarcelen al ladrón, es reflejar que este ha robado, los que lo encarcelan son los poderes judiciales, si así ha de ser.

Por eso se publica una información comprometida. No son ganas de fastidiar, no es el interés de hundir al otro en  el barro, es el sacerdocio de la realidad.


¿Es el periodista el salvador del mundo?

Rotundamente no. El periodista es un hombre o una mujer cuyo trabajo consiste en transmitir la información, la realidad. Por eso no es de justicia suponer que no puede equivocarse, ¿Acaso el contable cuadra siempre las cuentas? ¿O el maestro resuelve bien el ejercicio? Somos personas, tanto el periodista como el contable o el maestro, y por eso erramos. Evidentemente eso no debe servir al periodista para mentir a sabiendas, se asume que, en el desarrollo de su trabajo, busca la óptima plasmación de la realidad, sea esta cuál fuera.


¿Qué gana el periodista publicando ese tipo de información?

Es sencillo, ejercer el PERIODISMO en mayúsculas. Si medimos sus palabras, sus informaciones (salvando excepciones) por el miedo al qué dirán o a enemistarse, estarían cayendo en un servilismo injustificado.

¿Cuál es el problema entonces? Que las consecuencias del trabajo periodístico pueden doler más que las de… un banquero. Pero, me pregunto: ¿Nos gustaría que los banqueros, para no fastidiar a sus amigos, no les cobraran las comisiones que al resto cobran? O lo que es más, ¿Nos gustaría que, por ayudarles, al contar los billetes sumaran 100 euros extra a sus los allegados? No, no nos parecería justo.
Entonces, ¿Es justo que el periodista calle o esconda la realidad? ¿Nos gustaría que el periodista correspondiente hubiera dejado en el fondo de su cajón los famosos papeles de Barcenas? Creo imaginar la respuesta.

El periodista no debe supeditarse a nada ni a nadie cuando esto perjudique el ejercicio de su profesión. Si así lo hiciera, estaría cometiendo, a sabiendas, mala praxis.


En resumen: No son salvadores. No son superhéroes impolutos que no conocen el error. Son trabajadores, y su masa, como la del panadero, es la información. Es esta la que trabajan, amasan y hornean para dar a luz el pan de la realidad, ese es el secreto del oficio. Puede no gustar, puede molestar o inquietar, pero para eso estan, con una libreta, un bolígrafo y una cámara, plasmando la realidad. Las bondades y las maldades del día a día no quedarán en el olvido mientras haya periodistas dispuestos a hacer PERIODISMO.


Daniel J. Rodríguez.

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