sábado, 28 de enero de 2012



El vaso está empañado por el
frescor del líquido dorado.
La espuma se percibe navegando   
en la garganta como nube vaporosa,
y ese sutil amargor, como la vida,
en el que el hombre conoce la
certeza de la muerte, se presenta
ante nosotros.

Es un momento sincero en el que
el yo más íntimo reverbera los
inicios del mundo. Un encuentro
con la verdadera persona, la más oculta
y olvidada. Es un instante certero
con el amigo, en el que las palabras
nacen perfectas y alineadas y se
elevan a la verdad blues de lo ocurrido.

Amainando la tormenta de palabras,
cuando los vidrios vacíos llenan el
patio inmaculado que existía ante
mis ojos, puede percibirse que
los consejos, que han sido amargos
y oscuros, han nacido en ti la sombra
de la parca y que el dorado jugo
no sabe tan amargo como la verdad
de los hechos.

He jugado a veces con la dulce
blancura que antecede a la crueldad
amarga. La he guardado en mi garganta,
la he hecho absolutamente mía y,
en su insípido adjetivo, he descubierto
que no soy más que nada.

 Hoy siento, en el áspero zumo,
que no soy más que un hombre. Y que
lucho contra el tiempo para huirle
instantes a la muerte.



Daniel J. Rodríguez.

2 Apuntes del lector:

Conrado Navalón dijo...

Como un mago de la palabra... conviertes lo mas cotidiano en poesía

angel almela dijo...

Bonita metáfora o pretexto este de la cerveza, a mi me ha propiciado algunos d emis versos más veraces.
Enhorabuena, Dani.