sábado, 3 de diciembre de 2011

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Llovió,
y las lágrimas del azul
derramaron su mitología
por el cristal que me separa
de la vida.

Una gota, transparente
como los ojos de la muerte,
derramó su existencia
en mi ventana.
Y yo, teniendo en ella
el cielo, agoté el
regocijo del instante.

La tormenta cubrió
el día, el alba
muerta estuvo pronto, con
la felicidad de los hombre
se perdió bajo
el oscuro. Todo era muerte.

Pero nunca vivió eterna
una borrasca, el crepúsculo
volvió, con fuerza y luz titánica.

Las calles, pronto fueron desaguadas.
Mi alma fue, junto al diluvio,
recuerdo en el presente.

Daniel J. Rodríguez

2 Apuntes del lector:

Maria dijo...

Me encanta cuando escribes asi, con música.

Por cierto, no me deja comentar el otro blog :(

Rosa Campos Gómez dijo...

¡Bueno!