domingo, 23 de octubre de 2011

No me hallo más que en aquellas horas
en las que el crepúsculo asesina con
violencia a la noche y las voces de los hombres
comienzan el siempre triste canto,
despojados de cordura.

No me encuentro allí, donde dejas
en ofrenda tu sexo, ungido en mieles,
secretando a viva voz mi nombre.
Tampoco existo en tu mirada, ni en tus ojos,
no estoy nunca allí donde me busco,
¿Habré muerto?

Sin embargo, el reloj sigue golpeando
con violencia mis mejillas. Las agujas,
frías e incuestionables, continúan eterno
el viaje, las anémonas que un día fueron lecho,
hoy no son más que recuerdos redundantes
y tu voz es sólo un sombra, oscura, casi negra.

Tal vez sea que la noche ha decidido
amarme solo, verme esclavizado a sus codicias,
tenerme entero, sin la imagen de esa unión
perfecta que tú y yo somos cuando respondo
a tu llamada.


Daniel J. Rodríguez

1 Apuntes del lector:

angel almela dijo...

Responder a la llamada de la noche....¡Eso siempre, Dani, siempre!