viernes, 9 de septiembre de 2011




He dormido, a veces, en el lecho
que produce la caducidad de tus auxilios.
He reposado en el vergel bermellón, en tus
hojas maduras y rojizas, que son abrigo
cruel de mis miserias, que guardan los
secretos oxidados, casi muertos, y allí,
en el inicio de la odisea, he sido extinto
en el crujir de cada uno de tus pétalos sin savia.

He dejado, en la asimetría que posee tu forma,
sueños, proyectos y fortunas, sintiendo que,
como cada otoño, perecerán inútilmente con
tus hojas. Y aún sabiendo que llorar es el grito
inútil de aquellos que aún creen que en verdad
se puede amar, yo, que deshojo el triste brazo que
me lanzas, lloro sabia y muero en tierra,
acogido por la alfombra leve que tu misterio encierra.

Hoy, bajo la nube verde que me prestas,
acompañando el canto que se intuye en tu
crecimiento, he comprendido que la vida
es un débil año en el que las lluvias han sido desterradas.
Que labrar un corazón en tu madera es una puñalada atroz
para la verdad de los hombres, que las hojas tienen razón
en morir para volver con la esperanza de la luz en primavera.


"A los árboles de Rosa"

Daniel J. Rodríguez

3 Apuntes del lector:

María Llanos. dijo...

Es preciosa, ya lo sabes. :D

Rosa Campos Gómez dijo...

Este hermoso poema caló a todos la noche de la inauguración (María, te echamos de menos).
Daniel es un poeta nato.

Un abrazo.

Maria LLanos dijo...

Lo siento mucho Rosa, a mi también me gustaria haber ido.
No faltaré a la próxima.