miércoles, 2 de marzo de 2011

Bajo la sombra de un
Piano que se derrama en
El reflejo actual de
Mi existencia y ante
El absurdo silencio que
Se viene, cada vez más
Muriendo, como una
Desigualdad amedrentadora,
He sentido la paz de
Campanarios y, desde lo
Alto de uno de ellos, he
Volado, gaviota, a través
De un cielo que nació
Desde un Dios bueno.

Encontré en mi viaje mundos
De sospechas intrigantes, otros
Con princesas que, en orgasmo,
Me han robado alguna hora y
Que luego, despechadas, me
Abandonan. Y en camino. No he
Encontrado ni posada.

Y luego están las horas.
Porque el piano, que no es eterno,
De repente calla, que ya
Acabó la vida fénix de la
Obra, ahora ya ceniza, y
Se viene acabando el viaje.
Y el regreso: Princesas,
Silencio y campanas.

Y un campanario. Alto, como
Babel, como su torre.

Ya se acaba esta hora,
Ya se viene del viaje.
Vuelvo a estar a la sombra.


Daniel J. Rodríguez

0 Apuntes del lector: