jueves, 18 de noviembre de 2010

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Miro la tarde
Y me sumo en un sueño como mágico.
Y pierdo el sentido y me creo amapola
De alas parlantes que cantan sin cesar,
Como las olas acarician mi velero de viaje.

Al fondo está el camino abrupto
De la casa del bonachón gigante.
Que, con sus cuentos aturde
A sabios e ignorantes.

Y sin saber cómo, de manera
Onírica, me visita la libélula
De la caja dorada de los sueños
Y en susurros me habla
De mundos sin guerras.
De abrazos completos, donde el
Moro, el europeo y el chino tienen
Una hoguera que calienta y
Alienta. Y unos grandes brazos
Que acogen y alimentan.

Y sin saber por qué, en esa feliz hora
Me siento desdichado, triste, derrotado.
Quizás sea, mi libélula soñadora,
Que las bellas historias no son ciertas.
Que aquel gigante se llame utopía
Y que este triste sueño muera en la dulce ausencia de sol
Y ya este muerto al nacer el día.


Daniel J. Rodríguez 

2 Apuntes del lector:

nube dijo...

Utopía... desgraciadamente es utopía pero, aún así, ¿no es maravilloso sentir la felicidad aunque sea sólo en sueños?

:)

Anónimo dijo...

Todos tus sueños un día se harán realidad, así que nunca te canses de soñar y, sobre todo, nunca te canses de vivir lo que tienes la suerte de soñar.