miércoles, 3 de noviembre de 2010





Hoy, cuando el silencio me duele en la garganta y quiere salir a gritos de ella para alcanzar un mundo que fue mío, quiero escribirte estas líneas para decirte que la llama del fuego que encendiste en mí ha crecido hasta los astros y amenaza con quemarlo todo y lo peor es que me gusta. Me gusta pensar que todo será nada excepto tú y que entonces tú lo serás todo y sentiré que el Demiurgo de Platón ha concentrado todas las bellas ideas en ti y te ha creado perfecta, inverosímil, deliciosa…

Entonces sentiré que el mundo renace de las cenizas a las que tú lo has condenado, como el ave fénix de bellas alas doradas como el sol, y todas las cosas nuevas olerán a ti, y seré feliz.

Sólo entonces dejaré de escribirte cartas de amor por que mis manos estarán recogiendo tus rosas para tí y cientos de miles de bellas conjunciones de palabras quedarán atrapadas en el oasis de amor que habrá sido engendrado en mi cabeza cuya agua será pura, como tú.

Y escribiré libros al aire y compondré versos en los largos silencios en los que te contemple, y desearé ser pintor de lienzos infinitos y elegirte de modelo para observar tu desnudez eternamente.















Lo peor será cuando al tiempo de esta, déme cuenta que si aún escribo
es por que nada de lo que ansío ha pasado y aún no estoy contigo.


El mundo aún no es un caos


¡Maldito Mundo!



"A María, por ser su propietaria"

Daniel J. Rodríguez

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