sábado, 16 de octubre de 2010

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Hoy es una de esas noches en las que no quieres dormir. Entonces pones esa música que te hace llorar y comienzas a pensar irremediablemente en ella, por que hoy no duerme a tu lado.

Mark Knopfler canta a mi oido que otea las estrellas, como yo esta noche. Él, en busca de una urgente huída, yo, deseando ese inaplazable encuentro tuyo y mío.

Entonces comienzo esta carta, para hablarme en el silencio de lo mi corazón grita cuando tú estás en él, que es siempre. Entonces las lágrimas nacen como incansables y dolorosos puñales que representan una danza misteriosa a través de mis mejillas y es entonces, cuando entiendo que estoy enamorado.

La música continúa llamando a la puerta de mis sentimientos, la desgarradora voz de Knofler ataca a mis fuerzas, que se rinden irremediablemente a él, quizás también en busca esa apremiante huída hacía tus ojos, o tal vez camino a tus palabras.

Él, dispuesto a cualquier cosa por conseguir “esa” guitarra. Yo, decidido a robarte el beso que me regalaste antes de irte y, por fortuna, muchos, muchos más.

En el silencio de esta otoñal noche, cuando el duermevela es más intenso, cuando no duermo por que te has llevado mis sueños, cuando no sueño por que es una utopía creer que pronto estarás cerca, al menos, tan pronto como yo quisiera. Por que te quiero ahora.

Porque te has convertido en todo lo que parecía ser nada y eso me roba el sueño, que desaparece por el apetito innato de pensarte.

Porque soy un completo enamorado.




"A tí, por que casi todos mis versos te tienen por dueña."

Daniel J. Rodríguez

1 Apuntes del lector: