domingo, 6 de junio de 2010

Nunca había hecho tanto frío como aquella noche, el viento cortaba hasta las miradas lascivas de los amantes.

Algunos, los más locos se tapaban con ropas y más ropas, sin saber que eso acarrearía un resfriado.

Los otros, los más sensatos, se tiraban directamente a la hoguera. Morían, si, pero sin frío.



Daniel J. Rodríguez

1 Apuntes del lector:

Anónimo dijo...

Quizas lo más sensato no sea siempre lo mas usual. Siempre seguiremos el camino que nos marque el...

Me ha encantado.