sábado, 3 de abril de 2010









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Allí estaba, con su eterno luto y su muerto corazón, paseaba de un lado a otro de la calle, esperaba, pero no sabía exactamente que. Últimamente estaba más solo que la luna, siempre rodeado, pero nunca de quien quería, ahora estaba esperando el momento con el que soñaba desde hacía un tiempo, que robaba todos sus suspiros y que llenaron de sentido su luto, estaba muerto, muerto desde aquel momento en que ella le dijo que lo olvidara.

Ahora, como un perro arrepentido la esperaba para llevarla a donde ella quisiera, aunque fuera al fin del mundo. Necesitaba volver a sentirla cerca, sentir los abrazos y las caricias de miradas que siempre le había lanzado.

Se paró y miró al infinito, dejó volar su imaginación por los momentos de dolor, por aquellas duras palabras que aguaron esa de domingo. Escuchó la puerta y fue consciente de que era ella, ahora todo estaba en manos del destino, podría acabarse todo de repente o por el contrario que todo volviera a la relativa y mágica normalidad que existía antes del fatídico día.

Sus maravillosos ojos lo miraron y él deseó llorar, llorar y abrazarla, abrazarla y decirle que la quería, apretarla fuertemente contra si para no soltarla nunca. Se contuvo, pensó que hacer eso sería un error y que la espantaría.

Hola…..- Dijo conteniendo la emoción

Ella no borraba su sonrisa, y él lloraba amargamente en su interior….

Pasearon, rieron, cenaron y recordaron un pasado casi olvidado bajo las notas melancólicas de Jimmy Reed. Volvieron, por un mágico segundo, a ser lo que eran, él volvió a sentir magia y se comió el mundo aquella noche.

Daniel J. Rodríguez

2 Apuntes del lector:

Wiskey y Humo dijo...

Me encanta la frase del principio, un 10 hermano. Me encanta.

Anónimo dijo...

Eso es una gilipollez. Nunca se vuelve a ser lo que se era. Lo demás... aunque una falsa, esta bien.