miércoles, 7 de abril de 2010

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Siéntate, toma ese cáliz y bebe del líquido amargo que contiene, bebe hasta saciarte y luego corre, aléjate, huye de mi lado, desaparece, rompe mis supuestos esquemas y hazme daño con tu marcha, se violenta, no tengas piedad en el dolor, deja que mi alma arda en el infierno de la desidia.

Ahora, cuando estés lejos vuelve la vista atrás y mira lo que pierdes. Ahora, cuando yo te considero muerta  y lloro por tu olvido no quieras darte cuenta que en realidad huiste sin sentido, yo no esperaba nada, no quería sentir tu abrazo pues tus ojos ya lo hacían al mirarme.
 
Ave solitaria, dominando el cielo acompañado de Juan Salvador, eso es lo que soy, amigo de un principito de tierras extrañas y amante de la Verónika de Coelho. Señor de un castillo donde las puertas son las letras y los soldados las palabras. Tranquila pequeña, nunca quise que fueras la señora de mi feudo, solo una invitada predilecta de mi corte. No lo entendiste y ahora me haces cantar de dolor a tu marcha, haces que te sienta muerta  ¿Y si vuelves? Espero que sea pronto, si no creeré estar viendo un fantasma.

Siéntate, toma ese cáliz si quieres, yo no te lo ofrezco.


Daniel J. Rodríguez

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