martes, 9 de marzo de 2010

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Ana se despegó de sus labios y le dijo- "Hazme el amor"


Sus miradas chocaron en una gran explosión que inundo sus pequeños cuerpos de pasión y descontrol. Sus labios se mezclaban sin ton ni son, como un mar en tormenta. Sus deseos chillaban mudos de desesperación por fundirse, por fundirse como lava ardiente. Sus manos resbalaban por el frágil cuerpo de ella. Solo pensaba en ella, en parar ese momento y detenedlo. Pronto comenzó a sobrar la ropa y ninguno de los dos fue reticente a deshacerse de ella, Ana tenia un cuerpo perfecto,su pecho era del tamaño justo para ser recogido por las manos de él así que no dudo un instante en hacerlo mientras sus labios no paraban de buscar los de ella.

Pronto solo quedo el collar de perlas de ella, que brillaba en su débil cuello. Lo demás os lo podéis imaginar. Fue una noche perfecta en esa ciudad tan grande donde el amor dejó huella. Ella se quedo con el sabor de sus labios y el con él aroma de su pelo.

 El cogió un cigarro y mientras se lo fumaba iba acariciando la bella melena de la que hace apenas unos instantes había sido suya completamente.



Los dos se quedaron mirando a la ventana, la majestuosa luna se hizo presente en aquella pequeña habitación. Ella le abrazo y el le respondió con una dulce sonrisa.

"Nunca me ha gustado que fumes"- le dijo Ana.

"Entonces hagámoslo otra vez"- contestó él y, sin apenas darle tiempo a pensarlo apagó su cigarro en el cenicero de la mesa y se lanzó salvajemente hacía ella, esta segunda vez superó con creces a la primera, sus sexos se encontraron salvajemente, era como si sus vidas dependieran de ello, ambos cabalgaron bajo la luz de la luna, uno sobre el otro.


Nadie sabe cuantas veces aquella noche llegaron a estar uno dentro del otro, ni ellos mismos recuerdan toda la noche al completo, lo único que dicen sobre ella es que el amanecer los encontró despiertos, abrazados fuertemente, para nunca volver a separarse.

La luna  fue la única espectadora de la magia  y de la lujuria de aquella noche y del resto de las noches.


 Según cuentan él logro escribirle a ella lo más bello escrito jamás. Pero de aquello ni la luna es participe. Solo lo saben ellos, ellos y esa magia que siempre les acompañó desde entonces. Porque el tiempo y la realidad son relativos, combaten en una batalla desigual donde nadie sale vencido y donde las verdades del mundo son, inevitablemente eternas.



Lady Madrid y Daniel J. Rodríguez

2 Apuntes del lector:

Señor Don dijo...

Muchisimas gracias dani por el enlace, me gusta mucho este relatillo haber si tengo tiempo y lo leoo como se debe.

Anónimo dijo...

Encontré tu blog hace poco y no se por qué, es una manía que tengo, he empezado por el final y me he topado con este relato. Me he quedado prendado de la historia... según la fecha es de un marzo de 2009, mucho tiempo seguramente. Sin embargo, por pura curiosidad, ¿que fue de aquella pareja, más cerca a lo mágico que a lo real?, ¿vive aun en algún rincón?

Quique