lunes, 8 de marzo de 2010

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El camino a su casa fue silencioso, llegaron y subieron al piso, Ana se sentó en un destartalado sofá de cuero marrón mientras él preparaba dos copas de ron cubano.



Hablaron largo y tendido. Al principio hubo tensión y hasta momentos donde las palabras se subían de tono, pero poco a poco se fue apaciguando. Hubo largos silencios y finalmente alguna que otra risa. Ninguno de los dos se podía creer lo que estaba sucediendo.
Parecía tan surrealista que tenían miedo. "¿Y ahora que hacer?" esa era la pregunta que rondaba por sus cabezas, la incertidumbre del próximo segundo.

Él había cambiado totalmente de opinión, pensaba que ella lo amaba, quería creerlo y no le costaba nada

Ella deseaba que él lo creyera, necesitaba que la entendiera, deseaba que todo fuera mágico pero él estaba arto de desengaños, se había prometido mil veces a si mismo que no volvería a pasar, así que sabia que no sería capaz de decirle que la amaba, que aún después de todo la necesitaba más que antes.

La vida es tan inexplicable a veces....



Se encontraban mirándose fijamente, el lugar (tan violento y desagradable) se cubrió de una magia olvidada para los dos, pero que ahora habían recuperado. Aun así no sabían que era lo correcto. Él la amaba, ella lo amaba. Pero ¿eso era suficiente? ¿Eso era suficiente para perdonarlo todo?
De repente sus caras se encontraron bastante cerca, tanto como para que cada uno de ellos pudiera sentir la respiración de su contrario. Todo ocurrió en un segundo, no se sabe cual de los dos fue el que inició el corto camino hacia los labios del otro, de repente se vieron regalados con el más deseado de los besos, un beso húmedo y largo, un beso que heló todos los huesos de sus cuerpos, era  lo que ambos deseaban, eran lo que ambos necesitaban.


Lady Madrid y Daniel J. Rodríguez

1 Apuntes del lector:

Anónimo dijo...

Espero que fueran felices y comieran perdices.