domingo, 7 de marzo de 2010

Esa noche soñó con ella, con aquella conversación y con un montón de ideas sin orden ni sentido. A la mañana siguiente las gotas de lluvia que caían le despertaron. Se quedo un largo tiempo en completo silencio, escuchando las gotas caer en su ventana, ese ruido le encantaba, se podía pasar horas así, en pleno silencio y saboreando la lluvia. Todo iba bien hasta que chocó con la cruda realidad.


"Tengo que buscarla" se dijo, así que se duchó, se afeitó y se puso su camisa negra y con su particular vestimenta fue a la calle en su busca, paseó por la ciudad en la misteriosa y única compañía de su soledad, esa soledad que le ofrecía su compañía desde que ella se fue. ¿Donde buscar? La ciudad era tan grande...

La ciudad era muy grande para un alma tan solitaria.... Empezó andar sin dirección y se acordó de algo que pasó cuando ella era su presente, un presente precioso convertido en un pasado herido. Quizás para algunos fuese casualidad pero para él fue el maldito destino otra vez. Al final de la calle aparecía ella, tan hermosa como entonces, quizás más.

Seguía siendo la chica más bella de la ciudad.

No podía entenderlo, ¿Cómo podía estar allí, frente a él? Se acercó y sus miradas rápidamente se encontraron, él tenía claro que no debía dejarse engañar nuevamente, ella totalmente convencida de que lo que sentía ahora era real, de que lo amaba.

"Hola"- Dijo Ana tímidamente.

"Hola"- Contestó él.

"Se que a pasado mucho tiempo y que desgraciadamente no tengo derecho a entrar así otra vez en tu vida"- contesto Ana cabizbaja.

No sabía por donde empezar. Si decirle que jamás encontró a Pedro, porque en el fondo nunca lo quiso encontrar. Anduvo perdida varios años, sin rumbo; y finalmente hoy, ahora, apareció aquí y se dio cuenta que había llegado hasta aquí por algo. Por él, siempre lo busco a él y a nadie más. Sabia que le había hecho mucho daño, era un tipo muy débil (aunque se negara a admitirlo). Era conciente de que ahora no podía hacer nada. Pero aun así algo le incitaba a estar ahí, frente a él.


"Mírame"- Le pidió- Ana, mírame y dime que haces aquí"

Él sabia perfectamente que mirándolo a los ojos no sería capaz de mentirle, sabía perfectamente que eso era imposible para ella. Ana lo miró, guardó unos segundos de silencio, un silencio que hizo eterno para él, mirar sus ojos, sus labios y esa graciosa naricita le hacía un daño atroz.

"Te he estado buscando, y al fin te e encontrado. Solo quería decirte...... "- su voz empezó a quebrantarse, pero una fuerza provenida de su interior le hizo levantar la cabeza y mirarle y decir...

“Siento todo el daño que te he causado”

"Ven a mi casa, hablaremos ahí"- Le propuso, a la vez que se prometía a él mismo que no volvería a caer en sus redes.


Lady Madrid y Daniel J. Rodríguez

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