domingo, 28 de marzo de 2010

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-¿Me quieres?

La odiada y a la vez esperada pregunta, sabía que ese día llegaría a mis oídos y por eso tardé en contestar, tenía que pensar muy bien cada una de mis palabras, solía hacerlo así, pensar antes de actuar, si fuera al contrario mi respuesta habría sido muy diferente, le habría dicho que sí, que la amaba, que era la mujer de mi vida y que necesitaba sentir su abrazo. ¿El problema? No, no había problema, o quizás si, yo mismo.

Rockero, crecí entre tipos duros. Muchas veces en mi vida soñé en ser como Jack Gasolina, Jim Dinamita o Johnny el seco, no, no podía dejar que se colara en mi vida de esa manera, mi vida eran sábados sentado en la barra de un oscuro bar, fumando un purito tras otro con la mirada fija al frente, sin mirar nada y viéndolo todo, refrescando mi garganta con un vaso de ron y hielo.

Tenía que cortar con esta relación, yo ya estaba enamorado, pero ella no. Era la chica perfecta, la mujer de los sueños de todo caballero de copa y humo, por eso no debía quedarse a mi lado, tenía que volar, enamorarse de alguien que verdaderamente pudiera darle todo lo que ella merecía, que era mucho. Tanto que nunca podría soñar con ofrecerle la mitad de lo que debía, solo podía ofrecerle lo que yo era.

Necesitaba que me odiara, que saliera corriendo de allí para no volver nunca jamás,  que se alejara de esa vida de mierda, que encontrara la felicidad en una vida bien, lejos de la oscuridad de un hombre como yo, por eso busqué la frase más dura que se me ocurrió para espantarla.

-No nena, el amor no existe y si te digo palabras bonitas es solo para acostarme contigo.

Cada una de esas palabras produjo una herida muy profunda en mi interior, nacieron del egoísmo, si, del egoísmo. Necesitaba verla feliz para serlo yo también. Sabía que nunca lo sería por completo a mi lado.

Se que lo hice bien, que le hice daño pues no pudo evitar bajar su mirada. Esperé pacientemente intentando comportarme con una arrogancia mayor a la que nunca había demostrado.

De repente me lo dijo:

-Bésame.

Dios, no. Otro sable en mi corazón, otra afilada hoja que se hundía en mi pecho buscando el lugar más débil de mí ser.
Deseé hacerlo, quise rozar sus labios por última vez y fui a hacerlo, pero pronto cambié de opinión, supe que si la besaba no sería el último, que no me permitiría dejarla ir, que la abrazaría fuertemente contra mí, por eso la bese en la frente en el último segundo.

Sus ojos quedarían grabados en mi mente desde ese momento crucial, nunca olvidaré esa mirada, no era odio, no era amor, creo que era desidia, que se sintió como un niño perdido en un gran centro comercial. Explotó:


-¿Por qué haces esto?¿Por qué ahora? No te entiendo- Dijo entre lágrimas.

Tenía otra oportunidad para ganar el duelo, tenía que hacerle más daño aún que antes, si no, no saldría de su vida.


-Bienvenida al mundo real amiga- Le dije sin mirarla, por que mis ojos se llenaban de lágrimas, sabiendo que ese si era el fin.

Rompió a llorar y mi corazón se inundó con cada una de sus lágrimas.

Encendí un cigarro, para justificar mis ojos enrojecidos por el humo y para darme tiempo a pensar, a pensar en porque no se iba, en pensar en que no debía permitirme caer ahora, ya había empezado este doloroso trance, tenía que terminarlo.


-Jamás había aguantado con una tía tanto tiempo como contigo, ya estoy arto de cenas, palabras de amor y visitas a tus padres.

-Olvídame, deja de decir eso, me haces daño- Me dijo llorando.

-Vete si quieres, yo ya no tengo otro tema de conversación contigo, solamente te haré daño, no se hacer otra cosa contigo, ya no somos nada.

Cuando salió del garito supe que jamás volvería.

Se que esa noche me quiso y me odió, me pensó y me abrazó en su corazón. Se que esa noche dejó que la hoguera de su amor se apagará, que lo que sentía por mí murió como un parajillo caído del nido. Se que aún hoy piensa en mi y me odia.

La amo, la amo todos los sábados, la amo todos los puritos y también todos las copas, la amo cada vez que canta Toño, la amo cada vez que la recuerdo, pero también cada vez que no. Nunca podré curar la herida de mi pecho, nunca sanará mi corazón.

Rock And Roll, barra de bar, puro y ron con cubitos. Sólo.


Daniel J. Rodríguez

3 Apuntes del lector:

Anónimo dijo...

Vaya Gilipollas.

nube dijo...

Expléndido, cierto, doloroso, bonito...

Wiskey y Humo dijo...

Un 10 dani.