domingo, 7 de febrero de 2010

“Suena la puerta, buff, son las 5, ya llega mamá. Tarde, como siempre, desde que se fue papá se pasa las noches enteras en el bar, será mejor que me vuelva a dormir”

Ese fue el último pensamiento de desprecio que sintió Ana hacia su madre, a partir de aquella noche, todos ellos serían de tristeza.












Tras la interrupción de su sueño, en la madrugada, Ana se despertó con la salida del sol. Como de costumbre, bajó a prepararse el desayuno “Mamá estará con resaca”.

Tomó el desayuno acostumbrado, un vaso de leche con azúcar y fue a asearse. Se miró al espejo y allí vio lo que cada día, una adolescente de 13 años, con unos hermosos ojos verdes que se contemplaban con tristeza, una tristeza absoluta, amarga.

“¿Por qué estamos así?, Con papá todo era diferente, Dios nos ha abandonado, nos está dejando de lado, la vida que estoy viviendo no me gusta, ¿Señor, por qué me haces esto? ¿Qué hemos hecho para merecer este castigo?”



Salió al patio y esperó hasta el mediodía para comer. “Ahora, como siempre, mamá se levantará, calentará las sobras para mi y se volverá a acostar”.


Pero ese día mamá no se levantó, es más, ni ese día ni el siguiente ni ninguno más, mamá había muerto, había decidido abandonarlo todo, hasta a su pequeña.




“Una sobredosis”-dijo el forense-“hija, tu madre tomaba drogas, lo siento”

“¿Y ahora que? Estoy sola ¿Qué quieres de mi Señor? ¿Qué vas ha hacer ahora conmigo? ¿Qué te he hecho? ¿Por qué me haces esto?”









2 meses después, Ana se encontraba en una casa de acogida, todos estábamos desesperados, no hablaba, apenas comía, no miraba la televisión, se limitaba a existir, a estar ahí, nadie sabia que pensamientos perturbaban su mente, estaba sola, su vida no tenía sentido, al menos, los especialistas lo pensaban.


Pero yo no.



Era su tercer mes en la casa, cuando me decidí a presentarme ante ella, preparé el encuentro lo mejor que pude y me acerqué al salón, allí estaba ella, mirando por la ventana hacia el infinito.

“Hola niña, ¿te importa que te cuente unas cosas?”- le dije, siguiendo el guión acostumbrado.

Nada, silencio.

“Mira, se lo que estás pasando…”

“Usted no sabe nada, nada”- Me interrumpió.

De repente, sus ojos se le llenaron de lágrimas y sus manos comenzaron a temblar.

“Estoy sola, mi madre me ha abandonado”- Dijo entre sollozos.

“Ella no quería hacerlo, ella te quería”-Agumenté.

“Pero ya no esta, Ahora está con Dios, en el Cielo, ahora está bien, pero ¿Y yo? ¿Qué hay de mi? Ambos me han dejado sola”- Dijo, llena de ira.

“Dios tampoco quiere que sufras, Dios te ama, como ama a todos sus hijos… Y no te han dejado sola, Dios te lleva de la mano, y si no lo ves, es que en los momentos mas difíciles, no te lleva de la mano, si no que te lleva en sus brazos”


¿Pero…? ¿Cómo podía una niña tener esos pensamientos?

Yo no soy psicólogo, mi trabajo es repartir alegría, Ilusión, hacer que los misterios de mi magia hicieran olvidar por unos ratos las penas de estos niños, no sabía si mis técnicas podrían hacerse un hueco en el corazón de esa chiquilla.

Llamé su atención, cogí una servilleta de papel y le di forma de rosa, de repente, la rosa de papel comenzó a flotar entre mis manos.
Por primera vez, los ojos vacíos de la niña se llenaron de luz, de fascinación.

Dejé levitando la rosa sobre mi mano derecha, con la izquierda cogí un mechero y prendí el papel que le daba vida a la rosa, este se combustionó en 2 segundos, con una gran llamarada y, de repente, donde hubo estado una rosa de papel, allí en mi mano, una rosa de pétalos rojos y viva como yo mismo se encontraba, se la regalé a la niña que, por primera vez, dijo unas palabras de gratitud:

“es bonito”

“gracias”-Pensé-“gracias por regalarme este momento tan hermoso”.


La niña me contó todo lo que anidaba en su corazón y lo oscurecía, me habló de su madre, de que se sentía traicionada por ella y por Dios.

“No pienses así, tu madre quiere estar a tu lado, has de llevarla en tu corazón”

“Así lo haré, estaré junto a ella”- me dijo.


Tres semanas después volví a la casa y busqué, busqué desesperadamente a la niña, pero ella no estaba.

La directora del orfanato me dijo que antes de conducirse a la muerte, me escribió un mensaje.

Un pequeño papel rosa, enrollado con un lazo amarillo. Salí a la calle con él.

“¿Qué había hecho? ¿Qué la había llevado a acabar con su vida, a tomar esas pastillas?”

Abrí el papel y, un pétalo seco de rosa calló en mi regazo, en el papel había escrito un escueto mensaje:

“Gracias por todo, ya estoy con ella, ya estoy a su lado, nunca le olvidaré”.








De ello han pasado 10 años y cada uno de esos años me acuerdo de ella, sólo una vez al año, hago mi juego favorito.

Durante esos diez años, el único público para el que he hecho este efecto a sido ella.
Cada año, delante de su lápida, este mago coje un papel con forma de rosa, lo hace levitar y al final, al prenderlo, la convierte en una rosa de verdad, la única rosa que adorna su cama para siempre.




Daniel J. Rodríguez

1 Apuntes del lector:

Anónimo dijo...

PRECIOSO.