viernes, 4 de diciembre de 2009

Hoy, al salir de casa, sentí como si me persiguieran. Miré atrás y nadie me seguía, estaba sólo.

No es la primera vez que ocurre, es una sensación que me acompaña desde hace ya mucho tiempo y me impide vivir con la libertad que necesito, que espero, que ansío.

¿Por qué? Quizás se llama conciencia pero ¿Por qué me impide hacer ciertas cosas que no son “malas?

No, dudo que sea mi conciencia, tal vez sea miedo. Sí, es eso, miedo a enfrentarme a los fantasmas de mi corazón, miedo a poder llegar a ser feliz, miedo a vivir la vida que se mi está regalando, a ser valiente y luchar por lo que quiero. Miedo a decir sí, miedo a decir “te quiero”, miedo también a no decirlo.

A veces quiero gritarlo, salir corriendo y que todos se enteren. Otras, esconderme en lo mas oscuro de mi habitación y sellar mis labios para no dañar a nadie.

¿Qué hacer? No quiero dañar, no quiero sufrir.

¿Qué hacer?


Daniel J. Rodríguez

1 Apuntes del lector:

Anónimo dijo...

El miedo, a veces se vence, con la confianza. Ella es la que puede destruir los escudos con la que la armadura de nuestros miedos ha revestido nuestra corazón. Pero sigue siendo eso, una coraza, a veces bonita, brillante, pero con el tiempo oxidada y paralizadora. La confianza es la que va despojándonos de cada una de esas piezas con las que hemos endurecido nuestra conciencía, dejándola desnuda pero no indefensa, débil pero a la vez fortalecida, vulnerable pero también capaz de reconstruirse continuamente.
Y todo ello porque esa confianza vencedora nos enseña a poner nuestra mirada en quien todo lo puede, en quien de nuestra pequeñez puede hacer obras grandes, en quien con nuestra miseria puede entonar un canto de bendición, en quien en nuestros temores puede encontrar el impulso del testimonio y la entrega.
Por lo tanto, querido amigo, te digo como escuché una vez: No tengas miedo. Adora y Confía.
TMGCC